FIGURAS, PALABRAS Y CARACTERES MÁGICOS (Desde el punto de vista de teólogos y filósofos cristianos)

Así como lo había dicho antes, en la edad media se puede identificar dos clases de magia: La natural y la nigromancia; así mismo, el significado que se le dan a las palabras, figuras y caracteres mágicos depende de la inclinación que tenga cada autor a las dos clases de magia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que “las actitudes de los intelectuales medievales frente al poder de las palabras y los caracteres giran fundamentalmente en torno a dos concepciones contrapuestas, según sean vistos como signos para los espíritus o como vehículo para las facultades del alma”(Giralt, 2011, p.43).

Ejemplo de figuras mágicas. Consultado en:http://image.slidesharecdn.com/magiacienciadurango2010-101102200914-phpapp01/95/magia-ciencia-y-medicina-en-la-baja-edad-media-15-638.jpg?cb=1422571106

Abordando la primera posición, “sostenida por los dos extremos opuestos, de un lado los practicantes de la magia espiritualista y, del otro, la gran mayoría de los teólogos y filósofos Cristianos desde Agustín” (Giralt, 2011, p.43). Según Guillermo de Auvernia, las palabras, caracteres y figuras no sirven si no tienen ninguna señal la cual ayude a los demonios a identificar a sus adoradores, por lo cual, se dice que estos elementos son un claro signo del pacto con el demonio. Adicionalmente, este autor dice que las palabras y caracteres no adquieren poder por si solar, si no por el contrario, “la significación solo tiene poder a través de la imaginación y el intelecto, que, por el contrario, poseen una gran fuerza, por lo que estas dos facultades bastarían para cumplir solas los prodigios atribuidos a los nombres y a las palabras” (Giralt, 2011, p.43). Por lo cual, cuando los magos plasmaban sus palabras o caracteres en los ritos, estas no surtirían efectos por su propia virtud, si no por obra de los demonios invocados. Según teólogos, Dios es el único que “posee sin duda la potestad de otorgar a las palabras, los objetos o las personas el poder de constreñir a los demonios, ya que solo él puede obrar absolutamente al margen de los mecanismos naturales” (Giralt, 2011, p.46).

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